Desde Antofagasta, Karen Espinoza decidió convertirse en madrina de una niña de Cerro Navia. Lo que comenzó como una relación no tan profunda a través de cartas y fotografías, hoy se transformó en un vínculo emocional que une a dos familias y demuestra cómo el patrocinio puede cambiar vidas.
Cuando Karen Espinoza recuerda cómo se convirtió en madrina de World Vision, todavía le parece una de esas coincidencias que marcan el rumbo de una historia.
“Fue algo súper, de estas cosas que pasan en la vida”, cuenta. Tras un accidente automovilístico que la obligó a dejar el auto por un tiempo y caminar más, se encontró con un equipo de captación de socios de World Vision en un centro comercial de Antofagasta. Conversó con ellos, conoció el programa de patrocinio y decidió inscribirse.
Dos meses después recibió una noticia que la emocionó profundamente: una niña de 5 años llamada Maite la había escogido como madrina.
Un vínculo que comenzó con cartas
La relación entre ambas comenzó en 2023 de forma gradual y respetando los tiempos de Maite y su familia. Primero llegaron las cartas, luego las fotografías y, mucho después, una videollamada que permitió conocerse cara a cara.
“Al principio como que no quería invadirla, porque finalmente era una desconocida. Entonces esperé los tiempos que Maite necesitara respecto de las confiazas, al igual que su mamá. Soy súper respetuosa de ellas”, explica.
A través de las cartas, Karen fue acompañando el crecimiento de Maite. Supo de sus avances en el colegio, de sus disfraces, de sus presentaciones y de los pequeños logros que para una niña significan grandes conquistas.
Maite le manda cartas a Karen muy a menudo
“Me cuenta que ya está aprendiendo a escribir, que ya pudo leer sola, que tuvo una presentación como bailarina y me manda la foto. Va contando las cosas que van pasando en el colegio”, relata.
Además del aporte mensual que realiza a través de World Vision, Karen ha podido apoyar en momentos específicos, como la compra de útiles escolares, ropa o medicamentos cuando Maite ha estado enferma.
“El sentido es ayudarla en lo que ella necesite. Yo siempre le he dejado las puertas súper abiertas a lo que necesite respecto de recursos y, en la medida que yo pueda, obviamente la voy a estar ayudando”, dice Karen, quien se comunica de forma frecuente con la madre de Maite para saber sus necesidades.
El día en que por fin se conocieron
Después de más de un año de intercambio de cartas y una videollamada, llegó el momento más esperado: se conocieron presencialmente.
Aprovechando un viaje familiar a Santiago, Karen coordinó junto a World Vision una visita en Cerro Navia. Quiso que su hijo, de la misma edad que Maite, la acompañara. “Estaba muy expectante a que Maite se quisiera acercar. Si no, estaba perfecto, pero yo no quería invadirla”.
Sin embargo, los nervios desaparecieron rápidamente gracias a los niños. “Mi guatón hizo la entrada”, cuenta y agrega: “Empezaron a jugar juntos, a conversar y después todo se relajó”.
Lo que estaba planificado para un breve desayuno terminó convirtiéndose en una larga mañana de conversación, juegos y risas. En la junta presencial, pudieron compartir Karen, su hijo, Maite, la madre de Maite y el padre de Karen, quien los acompañó a la visita.
La madrina Karen, Maite y el hijo de Karen el día que se conocieron en la oficina de Cerro Navia
“Fue distinto (el estar presencial). Te genera una mejor conexión, sentir a la persona, su energía, verla en vivo y en directo”, afirma Karen.
“La Maite está incorporada en mi familia”
Con el paso de los años, Maite dejó de ser solamente una niña patrocinada para convertirse en alguien importante dentro de la vida cotidiana de Karen y su familia.
“La Maite está como incorporada en mi familia. Todo el mundo sabe quién es la Maite”, cuenta.
Su hijo la acompaña a comprar regalos, conoce sus gustos y sigue de cerca las noticias que llegan en cada carta.
“Cuando la Maite estuvo enfermita, yo también les conté. Para el guatón, la Maite es una persona más de nuestra familia”.
La conexión entre ambos niños ha sido especialmente significativa, ya que tienen la misma edad y viven experiencias similares en el colegio. “Tienen lo mismo, viven lo mismo, estudian lo mismo”, dice Karen.
Una motivación que nace del corazón
Karen asegura que ayudar a la niñez siempre ha sido parte de los valores que heredó de su familia. “Yo trabajo con un valor que me inculcó mi papá: ayudar a todas las personas que lo necesiten. Y si son los peques, es mi debilidad. Como que me encantan los niños, me encantaría que todos estuvieran súper bien.”
Por eso, cuando habla de Maite, lo hace con un cariño especial.
“A mí me interesa que la Maite esté lo mejor posible. Si su mamá necesita ayuda, yo estoy acá. Para algo soy madrina y quiero serlo siempre que pueda”, dice Karen.
Maite con el regalo que le hizo su madrina para el cumpleaños n.5
Su deseo es seguir acompañándola mientras sea posible y continuar siendo parte de su historia.
Karen también destaca el rol que cumple World Vision en la protección y el bienestar de niños y niñas. A su juicio, la organización no solo facilita el patrocinio, sino que construye puentes seguros para que las familias puedan generar vínculos de confianza y apoyo.
“Yo los felicito un montón porque ustedes cuidan a los peques y tratan de vincularlos con personas como yo para que ellos puedan estar bien”, opina Karen.