Las emergencias y desastres no solo afectan viviendas, infraestructura y servicios básicos. También aumentan los riesgos de violencia, abuso, negligencia y explotación que enfrentan niños, niñas y adolescentes. Por ello, World Vision presenta el Decálogo para la Protección de Niños, Niñas y Adolescentes en Emergencias, una herramienta que adapta estándares internacionales a orientaciones concretas para municipios, establecimientos educacionales y organizaciones comunitarias que trabajan directamente con las familias afectadas.
La iniciativa se basa en las Normas Mínimas para la Protección de la Niñez en la Acción Humanitaria, desarrolladas por la Alianza para la Protección de la Niñez y Adolescencia en la Acción Humanitaria y difundidas en Chile por World Vision y UNICEF. El objetivo es fortalecer la capacidad de respuesta de las instituciones que, en los primeros momentos de una crisis, están más cerca de la comunidad y de la niñez.
Según Martha Yaneth Rodríguez, directora nacional de World Vision Chile, "Este instrumento busca acercar los estándares internacionales a quienes están en terreno, facilitando la identificación de riesgos, la derivación oportuna y la adopción de medidas de protección desde el inicio de una emergencia".
Toda emergencia aumenta los riesgos de abuso, negligencia, explotación y violencia. Por ello, la protección debe ser una prioridad desde el primer momento y no una acción posterior.
Las medidas preventivas deben incorporarse desde la preparación y mantenerse durante toda la emergencia, reduciendo riesgos y fortaleciendo factores protectores.
La protección de la niñez requiere una respuesta articulada entre salud, educación, protección, seguridad alimentaria, alojamiento y autoridades locales.
Los niños, niñas y adolescentes deben ser considerados actores clave en el diseño y ejecución de las respuestas, incorporando sus opiniones y propuestas.
El acompañamiento, la orientación y el apoyo psicosocial a padres, madres y cuidadores contribuyen a reducir significativamente los riesgos de violencia.
Mantener unidas a las familias debe ser una prioridad. En caso de separación, es fundamental activar mecanismos de identificación, reunificación y cuidado alternativo adecuado.
Los espacios comunitarios, educativos, recreativos y de acogida deben diseñarse para minimizar riesgos físicos, emocionales y de violencia.
El estrés, el miedo y el trauma asociados a las emergencias requieren apoyo emocional, actividades comunitarias y acceso a servicios especializados cuando sea necesario.
Es clave contar con mecanismos seguros de detección, derivación y acompañamiento para niños, niñas y adolescentes en situación de riesgo o sobrevivientes de violencia.
Las comunidades cumplen un rol fundamental en la prevención, identificación de riesgos y construcción de soluciones sostenibles para la protección de la niñez.
La protección de niños, niñas y adolescentes no puede improvisarse cuando ocurre una emergencia. Incorporar estas recomendaciones en los planes de gestión del riesgo y en las respuestas institucionales permite actuar de manera más rápida, coordinada y efectiva, resguardando los derechos y el bienestar de la niñez en cualquier contexto de crisis.