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TRABAJO INFANTIL: UNA REALIDAD EN LOTA

A comienzos del verano las playas de Lota, se llenan de un alga conocida localmente como Luga. A partir de ese momento la gran mayoría de las familias que habitan el borde costero de la ciudad se dedican a su extracción y venta convirtiéndose esta actividad en su principal ingreso. Susana de 13 años, cuenta como su vida ha girado en torno a la extracción de esta planta marina y la preocupación que siente cuando ve que muchos niños deben dejar sus estudios por este trabajo.

Cada vez que se come un cremoso yogurt, que una mujer se pone una exclusiva crema en la cara, o que alguien consume una hamburguesa, se está haciendo uso de un componente llamado carragenina que se extrae de algunas algas marinas endémicas de las costas del sur de Chile. No existe una maquinaria para la extracción de esta materia prima de múltiples productos, si no que son familias enteras que extraen las algas cada vez que baja la marea. Así lo hace Susana, una niña patrocinada de 13 años que ha sabido combinar sus responsabilidades como estudiante con este trabajo. “Yo saco luga (alga) desde los 7 años y nunca lo he visto como algo malo, porque lo disfruto… nos bañamos y ganamos dinero y no tengo que dejar mis estudios” dice Susana seriamente.

Precisamente esto es una de las cosas que más le preocupan a Susana, ella vive en Lota una ciudad golpeada por la cesantía y la pobreza, donde ve a diario como muchos de sus compañeros de colegio abandonan los estudios por el trabajo. “En Lota hay harta cesantía, no hay oportunidades para los jóvenes lotinos, la gran mayoría de los niños está trabajando y eso mismo los esta separando de los estudios”

“Con World Vision desarrolle mi personalidad”

Susana es una niña líder dentro de su comunidad, capacidad que desarrolló gracias a su participación en el proyecto de Lota. Actualmente ella es la presidenta de la asociación de niños líderes del proyecto y representa los intereses de todos los niños apadrinados. “Los demás niños me eligieron a mi porque soy la que más habla y la que se expresa mejor, pero no siempre ha sido así, antes era más tímida y tenía temor de hablar en público, pero desde que estoy participando en el proyecto me he sentido más segura de mi misma”, asegura Susana.

Como niña apadrinada, Susana participa de todas las actividades que desarrolla el proyecto, asiste a la sala de computación a realizar sus tareas escolares y es miembro activo de la red de niños que promueven sus derechos en la comuna de Lota. “Realizamos un puerta a puerta entregando información sobre el buen trato hacia los niños, le decíamos a los adultos que es muy importante tener mayor comunicación con los hijos y creo que la gente se interesaba en lo que nosotros le contábamos”.

Niños trabajadores, una realidad en Lota

Susana vive con su madre y sus tres hermanos en Lota. En la actualidad, luego del cierre de las minas en los años noventa, esta ciudad presenta uno de los mayores índices de pobreza y cesantía del país.
La familia de Susana tiene una pequeña casa escondida entre los cerros de la ciudad, donde se llega a través de angostos y laberínticos pasillos de tierra. La casa es pequeña pero, según Susana, no tanto como antes, “antes la casa era un solo cuarto donde estaban las camas y la cocina todo junto y no teníamos baño”, en la actualidad, es una casa ampliada gracias al programa de mejoramiento de vivienda de World Visión con sala, cocina, baño y tres habitaciones.

La madre de Susana sostiene el hogar, pero ella no tiene un trabajo fijo, sino que el dinero que consigue es de acuerdo a las oportunidades que va teniendo. En la época de invierno vende cartones y metales que recoge en la calle y en verano cuando crece la luga en la playa se dedica a la venta de sopaipillas (masa frita parecida a una tortilla) y a la recolección de esta alga, trabajo que mayoritariamente recae en Susana. “Ojala mi hija no trabajara pero como la necesidad, como dicen, no tiene ojos hay que hacerlo no más y ella sabe que si ella no me ayuda va a ser muy difícil poder sacar adelante a la familia”, asegura la madre con tristeza.

Cerca de las dos de la tarde, cuando la marea está baja, Susana se mete al mar a recoger la luga. Con el agua hasta la cintura y sin ningún implemento más que una vieja red donde se almacena la luga, pasa horas en el agua compitiendo con los otros niños que se dedican a la misma labor. “Después de sacarla hay que secarla al sol y ponerla en un saco, cada dos días pasa un camión que nos la compra”. Cuenta Susana que vende en $500 tres kilos de Luga seca.

La intervención de World Vision

En el Año 2008 World Vision Chile realizó un catastro de la cantidad de niños que trabajan en el Proyecto de Lota. Este estudio arrojó que, por diversas razones, cerca del 10% de los niños patrocinados trabajan y elaboró un plan de asistencia para ellos y sus familias. “Nosotros trabajamos con los casos más extremos, aquellos niños que no tenían la opción de dejar de trabajar porque son un aporte real en la economía de sus hogares y la idea fue entregarles un espacio donde ellos pudieran socializar su realidad y tomar conciencia de ella”, explica Roxana Zuleta ex coordinadora de infancia de los proyectos de World Vision en la Octava región. “Nosotros motivamos a los niños a seguir con sus estudios, y les brindamos el apoyo necesario para que no tengan que desertar del colegio a causa del trabajo”, agrega.

Este programa contempló la entrega de una beca que le permitió a los niños comprar los útiles y el uniforme escolar obligatorio, una de las razones por la que los niños admitían trabajar. También había un grupo de niños que presentaban graves problemas de aprendizaje escolar, para ellos el programa contemplaba la asistencia psicopedagógica, lo que les permitió retomar el nivel de estudios. “básicamente lo que hicimos fue darnos cuenta de la realidad y lograr que los niños desarrollaran su labor de la mejor forma posible sin que sus derechos fueran vulnerados”, concluye Roxana.

Gracias Padrinos

El sueño de Susana es estudiar para parvularia, porque dice que siempre le han gustado los niños. “Yo siento que soy una niña trabajadora, yo me esfuerzo para lograr algo, uno tiene que luchar por lo que quiere y no dejar que todo llegue a los pies”, dice con convicción Susana. “Y me gustaría decirle a los padrinos que ellos acá en Chile lograron la gran meta de ayudar a los niños que lo necesitaban y que aparte de lograr esa meta ayudaron a mi familia y ayudaron a sentir que muchas familias también no estaban solas, estaban respaldadas de alguien”, concluye.

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